Imma Bofill · Arquitecta
¿Y si la sostenibilidad comenzara en la manera en que pensamos un proyecto?
Pensar el edificio como parte de un sistema vivo transforma las preguntas que formulamos y, con ellas, las decisiones del proyecto.
La sostenibilidad empieza antes de proyectar
Cuando hablamos de sostenibilidad en arquitectura, solemos pensar en materiales, consumo energético, sistemas constructivos o certificaciones. Pero todas estas decisiones llegan cuando el proyecto ya ha comenzado.¿Y si la sostenibilidad empezara antes?¿Y si empezara en la manera en que miramos, formulamos las preguntas y comprendemos qué estamos proyectando?La sostenibilidad no es solo una propiedad que se añade a un edificio. Puede ser una forma de pensar las relaciones entre el edificio, el lugar y los sistemas de los que forma parte.Para mí, un proyecto empieza con preguntas, no con una forma.Empieza cuando tengo muchas preguntas que responder. Buscar las respuestas es una aventura, porque cada respuesta transforma la comprensión inicial y hace aparecer nuevas preguntas.No se trata de acumular información, sino de descubrir qué relaciones son significativas. Las preguntas no son una fase previa al proyecto: ya forman parte de él.
Comprender la naturaleza del proyecto
Un edificio no es solo un programa con unas superficies que organizar. Es un lugar que será habitado. ¿Qué se hará en él y cómo? ¿Quién lo utilizará? ¿De qué manera? ¿Qué relaciones favorecerán sus espacios, entre qué personas y en qué momentos?Las tipologías evolucionan a lo largo de la historia porque se adaptan a los cambios de la sociedad. Al mismo tiempo, las transformaciones tipológicas también pueden favorecer nuevas formas de uso y de relación. Aquí aparece una de las grandes cuestiones que el proyecto puede explorar.El programa, por tanto, no es solo una lista de superficies. Es una red de necesidades, usos, ritmos, cuerpos y transformaciones. El edificio tiene una dimensión temporal que debe tenerse en cuenta desde el principio.¿Y cómo lo construimos? Esta pregunta también incluye cuestiones sobre la vida del edificio. ¿La forma de construir permitirá adaptarlo a los cambios a lo largo de los años? ¿El proceso constructivo consume mucha agua o energía? ¿Genera contaminación? ¿Los materiales son de proximidad? ¿El edificio puede desmontarse, repararse o reutilizarse? ¿Qué puede enseñarnos la arquitectura tradicional de la zona?Estas preguntas nos llevan a pensar el edificio como una estructura capaz de evolucionar, transformarse y adaptarse, y no como un objeto fijo que impone una única forma de utilizarlo, quizá destinada a quedar obsoleta.Un edificio sobredimensionado, mal orientado, excesivamente rígido o difícil de transformar puede ser poco sostenible incluso antes de haber decidido con qué material se construirá.
Cap edifici existeix sol
El edificio no es un objeto aislado: forma parte de un entorno. Pero ese entorno no es un simple escenario. Aquí aparece la siguiente pregunta importante: ¿de qué ecosistema forma parte?Este ecosistema incluye el clima, la geografía, la topografía, las edificaciones próximas, la ciudad o el pueblo del que forma parte, el agua, el suelo, la vegetación, la biodiversidad, las comunidades humanas, la historia del lugar, la cultura, las formas de habitar, la economía, la disponibilidad de recursos, el sistema productivo y los marcos políticos y normativos.Todos estos elementos se influyen mutuamente. El proyecto no solo responde a ellos: entra en relación con ellos y también los transforma. Podemos empezar a comprenderlo formulando dos preguntas:¿Qué afecta al edificio?¿Qué transformará el edificio con su presencia?El clima, la historia o la biodiversidad no son capas que añadimos después a un proyecto ya definido. Son condiciones que pueden darle sentido desde el principio. Forman parte del propio material del proyecto.
De la información a las decisiones de proyecto
Pensar ecológicamente no significa añadir una solución «verde» al final. Significa que la comprensión de las relaciones guía, desde el principio, la implantación, las dimensiones, la forma, la construcción y los materiales.Si entendemos el sol, el viento, el agua, la vegetación y los ritmos de uso como partes activas del proyecto, la orientación del edificio deja de ser una decisión formal aislada. Se convierte en una respuesta simultánea a diversas relaciones.Esta respuesta tiene consecuencias sobre la forma, las dimensiones, las proporciones, las circulaciones, la relación entre interior y exterior, los materiales y el sistema constructivo. Así, la información deja de ser una acumulación de datos y se transforma en criterio de proyecto.
Cuando la sostenibilidad deja de ser un apartado
La sostenibilidad no desaparece como objetivo, pero deja de funcionar como una categoría separada del proyecto.Cuando el edificio se piensa como un componente dentro de un sistema vivo, la sostenibilidad no es una capa que se añade al final ni una justificación escrita en la memoria. Se convierte en una consecuencia coherente de la manera en que se han comprendido y relacionado todas las partes.Esta mirada no garantiza automáticamente que todos los conflictos queden resueltos. Pero permite identificar interdependencias, anticipar consecuencias, detectar contradicciones, establecer prioridades, tomar decisiones más coherentes y evitar respuestas aisladas.No existe una decisión completamente independiente: cada decisión modifica el sistema de relaciones del proyecto.
El proyecto como un organismo en formación
Cada respuesta hace nacer una nueva pregunta.Hablar del proyecto como de un organismo no significa que el edificio sea literalmente un ser vivo, sino que el proceso se desarrolla mediante relaciones, adaptaciones y retroalimentaciones.No es un proceso lineal. Observamos, formulamos preguntas, investigamos, ensayamos una respuesta, analizamos qué transforma esa respuesta y reformulamos el proyecto.El proyecto va adquiriendo forma capa a capa. Cada decisión modifica las demás y, progresivamente, emerge una estructura capaz de conectar el conjunto y dar sentido a sus partes.
Aprender a proyectar es aprender a preguntar
Cuando un estudiante siente que no sabe cómo empezar, a menudo cree que le falta una idea. Pero quizá lo que le falta no es una forma, sino una estructura de preguntas que le permita comprender el proyecto.Trabajar desde esta estructura ayuda a reducir la arbitrariedad, ordenar la información, establecer prioridades y transformarlas en decisiones que pueden argumentarse. El proyecto gana consistencia y sentido, y el estudiante gana autonomía y confianza durante el proceso.La sostenibilidad, entonces, no aparece como un añadido que hay que justificar al final, sino como una parte fundacional de la manera de pensar el proyecto.Mi trabajo en la mentoría no consiste en dar forma al proyecto del estudiante ni en sustituir su mirada. Consiste en ayudarle a construir las preguntas, las relaciones y la estructura de base que le permitirán encontrar sus propias respuestas, y en acompañarle en la creación del proyecto aplicando esa estructura en las distintas fases del proceso de proyectar.
Palabras que transforman la mirada
Sostenibilidad
En 1987, la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas, conocida como Comisión Brundtland, la definió así:"Satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades."Es un concepto sistémico: implica ver el mundo como una red de partes que interactúan —ecosistemas, economías, sociedades y tecnologías— y comprender que las acciones en un área influyen inevitablemente en las demás.
Ecosistema
Una comunidad de organismos vivos y elementos no vivos —como el agua, el suelo o la luz solar— conectados por flujos de energía y ciclos de nutrientes. Cada parte de un ecosistema depende de las demás, directa o indirectamente.
Sistema
Un conjunto de partes relacionadas entre sí, en el que la transformación de una parte puede modificar el comportamiento del conjunto.
Las palabras crean realidad. Solo cuando comprendemos su sentido profundo podemos empezar a transformar la manera de pensar y, con ella, la manera de proyectar y de habitar el mundo.
Cambiar las preguntas para transformar el proyecto
Las palabras que utilizamos determinan qué somos capaces de ver. Si pensamos el edificio como un objeto aislado, nuestra atención se centrará principalmente en su forma y su funcionamiento. Si lo pensamos como una parte activa de un sistema vivo, empezaremos a ver relaciones, dependencias, efectos y posibilidades que antes quedaban fuera del proyecto. Quizá la sostenibilidad no empiece cuando elegimos un material o calculamos el consumo energético. Quizá empiece mucho antes: cuando formulamos la primera pregunta.
¿De qué sistema forma parte el proyecto que estás empezando?
Si estás haciendo el PFC, TFM o el Grado de arquitectura y quieres empezar a trabajar el proyecto desde esta mirada, podemos explorarlo junt@s en una sesión estratégica inicial.